LOS "SEPULCROS MEGALÍTICOS"



DESCRIPCIÓN
Sepulcro de Ses Roques Llises

La palabra dolmen fue acuñada a finales del siglo XVIII por el arqueólogo Legrand d'Anny, y a partir del bajo bretón dol-min, es decir, mesa de piedra, para referirse a lo que en la actualidad denominamos sepulcros megalíticos. Ninguna relación, sin embargo, de estas mesas con las construcciones menorquinas con una estructura central en forma de T que reciben en catalán el nombre de taules (taulas, igualmente mesas), ni formalmente, ni culturalmente, ni tampoco, a pesar de que a menudo se vende todo en el mismo lote, cronológicamente, pues los sepulcros megalíticos, que, por cierto, muy pocas veces se parecen realmente a una mesa, en el sentido de una superficie plana sobre unas patas que la sostienen en horizontal a una cierta distancia del suelo, son muy anteriores en el tiempo a las taulas talayóticas, que ni tan solo aparecen en el primer momento de su propia cultura, sino, al parecer, en un estadio ya bastante avanzado.

Conocidos algunos de ellos, que no correctamente identificados como tales, desde antiguo, los dólmenes o sepulcros megalíticos de Menorca han ido, por otra parte, aumentando en número a lo largo de los años gracias a nuevos descubrimientos, a la vez que las campañas de excavación de los diversos ejemplares, ya fueran de los recién descubiertos o de los de siempre, han permitido una mejor comprensión de su estructura y evolución.

En general se pueden identificar dos tipos que no estamos ni mucho menos seguros que correspondan a dos momentos diferentes: los paradólmenes, o hipogeos de fachada megalítica, y los sepulcros de corredor (aunque cabe en lo posible que alguno de estos dólmenes "exentos" no tuvieran nunca ningún pasillo).

Los primeros no son del todo megalíticos, pues su cámara fue excavada en una pared rocosa, dando lugar a una cueva, la cual fue mejorada o magnificada mediante una fachada con una puerta que conduce a un corredor que la atraviesa hasta la cavidad. Su aspecto exterior recuerda en buena parte el de las hiladas de una naveta, por lo cual podríamos deducir que éstas evolucionaron o derivaron de aquéllos, pero, hasta el momento, los ejemplares conocidos de paradolmen menorquín son más bien antiguos, algo alejados, en el tiempo, de la aparición de las navetas. En cambio, los sepulcros de corredor, similares, pero más pequeños, a los que podemos encontrar, por ejemplo, en Catalunya, disponen todos, después del corredor, más estrecho que la cámara, de losas frontales perforadas para dar paso a aquélla, algo que hallamos también en muchas navetas, a pesar de que su fachada no sea tan parecida. De estos dos hechos, fachada o acceso a la cámara razonablemente similar, se ha, quizás, de deducir que ambas tipologías, hipogeo con fachada y cámara megalítica con corredor (o sin), podrían ser contemporáneas y haber aportado sus particularidades distintivas a las navetas posteriores. Dado el pequeño número conocido de una y otra variedad, no creemos que las diferencias, si es que existen, entre los elementos de cultura material hallados en su interior sean suficientemente relevantes como para considerarlas en una misma línea evolutiva (es decir, que una proceda de la otra), sobre todo si tenemos en cuenta que todos ellos, como de hecho también las navetas, pueden adscribirse al período Pretalayótico (2000-1400 a.C., aunque, como veremos al tratar de los paradólmenes de Biniai, quizás lo hayamos de alejar, después de todo, un poco en el tiempo, 3000-1500 a.C.), y ello a pesar de que algunos investigadores crean que el uso de las cámaras megalíticas tuvo su momento álgido entre el 1750 y el 1650 a.C., algo después del de los paradólmenes.

Para acabarlo de complicar, hemos de mencionar, finalmente, la existencia de un tipo de sepulcro, conocido como sepulcro tipo Son Salomó (por el primer lugar en el que se halló), que probablemente tenga que ver también con todas estas construcciones funerarias, dado que recuerda un sepulcro megalítico en el que las grandes losas hayan sido sustituidas por bloques más pequeños y donde la cámara, rectangular o elíptica, en el centro de un túmulo circular, no dispone de ningún tipo de corredor que permita su acceso desde la periferia de éste.

Tanto en lo que a paradólmenes como a dólmenes se refiere, conviene señalar que el megalito propiamente dicho fue levantado a base de paredes de losas colocadas verticalmente, quizás en alguna ocasión (Alcaidús, Ferragut Nou) con la ayuda de un surco excavado en la roca. Alrededor de las mismas, acostumbra, además, a encontrarse a menudo una especie de túmulo, mal conservado, constituido por una pared de contención, de losas en horizontal y de canto o de bloques desbastados, y por una cierta cantidad de cascajo dispuesto entre ésta y el megalito.

En lo que se refiere a la cubierta de la cámara, cuando ésta es megalítica, y quizás también la del corredor (en aquellos casos en los que se ha documentado la existencia de uno), parece ser que sería a base de losas, en plano, como las que fueron halladas, caídas en su interior, en Ses Roques Llises o las que aún se hallaban "in situ" en el corredor del paradolmen conocido como Biniai 1.


© Ferran Lagarda i Mata, 1996-2012 (texto y fotografías).